Aunque he de decir que ha sido un buen fin de semana. En la última hora de este domingo lluvioso y gris, en esta última hora de Septiembre, al fin me doy cuenta. Abro los ojos, y veo mi maldita realidad, veo mi "sonrisa" pintada con pastel en un lienzo no muy bonito y agraciado. Es duro decir esto, pero viendo todo lo que sucede alrededor tu pompa celestial de buena onda, felicidad fingida, y muchas cosas bonitas y productivas, se deshincha por momentos hasta explotar llenándote la cara de puto jabón y haciéndote escocer los ojos. No tiene gracia, ni puta gracia.
Sentir que con el fin de tu mes, llega tu desquicia. Que ya ni los remedios caseros ni los químicos te hacen salir de ese agujero negro llamado ansiedad. Ver como todo a tu alrededor se desmembra, en todos los ambientes. Donde creías que pertenecías ya no te sientes bien, no por ellos o ellas, sino por ti. Luego ves que lo que habías esperado todo el verano, se había roto totalmente, ¿hasta donde hemos llegado? Solo quedan pequeñas partes, aunque son las más insignificantes.
No creo que esto esté bien, no me gusta esto que estoy viviendo últimamente. Me encerraré en los libros de filosofía, historia moderna, arte medieval... y demás, para al menos sentir y padecer de un modo práctico y productivo. Aunque bueno, espero que llegue pronto algo que me haga sentir arropada. No estoy pidiendo cariñines, ni besitos, ni abracitos, ni arco iris de esos. No estoy hablando de compañía, sino de atmósfera agradable. Si no se explicar qué es lo que me falta, ¿cómo voy a saber pedirlo?
Olvidad todo eso. En todo caso, parece que nunca se cumplen mis expectativas. Ya incluso los libros de texto tienen algo de reproche en su interior. Quizás sea mi ansiedad, o quizás es que tengan razón.