Escribiendo en el ecuador de mi segunda década me doy cuenta de que todo lo que he "prometido" anteriormente no lo he cumplido. Me di cuenta ayer, más bien, cuando en 5 minutos casi una decena de personas me clavaba un puñal con cada palabra que me dedicaban. Qué fortuna la mía, ya veis. A veces creo que la gente se queda solo en lo superficial, sin preguntarse ningún porqué. Hay que tener cuidado ya no con el cómo (obviamente que si), sino con lo que se dice. Quizás ahora, con la moda pasajera de los super-héroes, nos creamos ahora todos Superman o Wonderwoman. Nada duele y nada importa.
A veces creo que son solo imaginaciones mías y que soy yo la que es extremadamente frágil internamente como para soportar todo lo que ocurre a mi alrededor, que incluso ni me incumbe, en ocasiones. Aún así vuelvo a involucionar: paso de ser ratoncita (cervatilla en algún caso) a ser, de nuevo y con carácter indefinido, una tortuga de caparazón gordo y marrón. A lo mejor así soy capaz de centrarme en lo que realmente importa y dejar que todo me golpee sin miedo a desencajarme. Bienvenidos 20 años, comienza la fiesta de la supervivencia.